La sociedad moderna convive dentro de un marco de competitividad aniquilante. Con lemas como: “Hay que luchar por la vida” , “Hay que ganarnos el pan con el sudor de nuestras frentes” , convalidamos conceptos profundamente enraizados que orientan nuestras conductas y se hacen que nuestros hábitos, aparentemente nobles y optimistas, nos conduzcan inevitablemente a un estado patológico.
Tenemos en consecuencia un mundo habitado por personas en permanenteestado de alerta. Hemos perdido en el tiempo los hábitos de aceptación de nuestro propio ser y en consecuencia la aceptación de nuestros semejantes. Ambas actitudes tienen que ver con la autoestima, ya que autoestima es la aceptación de nuestra propia valía, es la capacidad de amarnos a nosotros mismos como punto de partida para poder amar a nuestro prójimo. “No se puede dar lo que no se tiene”.
Ziolandina tiene probados métodos científicamente validos, para desarrollar la capacidad del ser humano a amarse y de ser capaz de amar.
El punto de partida es un nivel correcto de autoestima, que nos permita ejercer con naturalidad nuestra capacidad innata de ingerencia sobre el 100% de todo lo relacionado con nuestro destino y que sobre la base de ese sentimiento seamos capaces de ejercer nuestra capacidad de amar. Entendiendo que amar es reconocer en el ser amado, la misma capacidad que vemos en nosotros y brindarle nuestro franco sentimiento de reconocimiento, sin pedir ni esperar nada a cambio.
Los hábitos que aceptamos alejándonos de este esquema, son la causa de una defectuosa relación con nosotros mismos y con nuestro entorno y devienen en un desequilibrio emocional, que en algún momento, se manifestará en un cuadro
clínico que puede ser una gastritis, hipertensión o un cáncer.
ALGUNOS ALCANCES SOBRE INVESTIGACIONES DE LA CURACION DESDE EL ASPECTO
PSICOLÓGICO
1. Los sentimientos negativos crean lesiones psicológicas que luego se manifiestan en una afección física. Es una situación aparentemente injusta; pero esa es una ley que gobierna la vida del ser humano. La relación de convivencia con nuestros semejantes debe ser siempre la misma: un sentimiento de reconocimiento en las demás personas la capacidad innata que tiene de elevar su espíritu, independientemente de su comportamiento en relación a nosotros. Incluso en caso que nos hubiera podido ocasionar algún daño. Ilustra este concepto, la historia publicada por Louise Hay en uno de sus interesantes libros que recomendamos leer. Louise tenia un sentimiento obviamente justificado de rechazo y odio a su padrastro quien la había hecho objeto de abuso sexual, ignorando su condición de niña bajo su tutela ocasional. Con el correr de los años ese sentimiento de negativa relación, produjo en Louise la aparición de un tumor maligno en el útero. La causa de ese cáncer, era el sentimiento que aunque justificado, no podía ya cambiar el nefasto y repugnante acto que ocurrió en el pasado; pero si estaba constantemente contaminando los logrados días presentes de esa valiosa mujer. A pesar de su gran capacidad para ayudar a sus pacientes con problemas psicológicos, Louise Hay tuvo que recurrir, ella misma, a la ayuda especializada para poder revertir ese sentimiento negativo, aceptar el hecho como un acontecimiento del pasado y reconocer en aquel hombre, aun después de ser el autor de tal felonía, su capacidad de remontar sus errores y de lograr el ejercicio de la bondad. La correcta relación con nuestros semejantes es el reconocimiento de su derecho a la redención y a la elevación de su espíritu. Cuando Louise Hay logra eliminar ese sentimiento de su vida presente, se libró para siempre de todo su efecto nocivo, incluyendo el cáncer que le diagnosticaron.
Logró sanar su espíritu y con ello curo su cuerpo. Actualicemos pues la expresión tibetana “Tashi daley” (honro la grandeza de espíritu que hay dentro de ti) como la mejor forma de saludo, acorde a nuestras convicciones de convivencia, ya practicada en el Tibet y olvidada en el correr de los siglos y en el fragor de “la lucha por la vida o por la justicia”, tratando de aniquilar a quienes se muestren diferentes a nosotros, haciendo enemigos de nuestros hermanos.
2. La autoestima, como un medio de lograr un mundo feliz.- Un nivel correcto de autoestima, fundamentalmente se manifiesta con la capacidad de aceptarse tal como se es con defectos y virtudes, en otras palabras la autoestima es en si la auto aprobación. Teniendo un adecuado nivel de aprobación como ser humano podremos realizar y alcanzarlas metas personales. En este campo cada uno es el soberano absoluto. Lamentablemente la mayoría de las personas no ejerce ese derecho y por el contrario renuncian a él bajo diversas formas y con motivaciones desde las más pueriles hasta las mas elaboradas. El resultado es una sociedad con baja de autoestima, con personas que se consideran pobres por definición y por consiguiente truecan su derecho a la gerencia de su destino por una actitud de esperanza y hasta fe en “alguien”, quien pueda aliviar sus dificultades.
Lo cierto es que, a diario vemos ejemplos de personas que logran sus objetivos, alcanzan sus metas con el simple ejercicio de su voluntad y con naturalidad y al cabo de la jornada pueden dar su testimonio que “cada persona es el artífice de su propio destino” y esa es la ley que gobierna nuestras vidas, si creemos en nuestras posibilidades, si nos amamos, podemos tener la casa que deseamos, conocer a la pareja que soñamos, tener el trabajo que mas nos da satisfacción de realizar, etc Y lo que es igualmente importante: sabremos sinceramente, abiertamente, reconocer esa misma capacidad en todos nuestros semejantes, es decir, la posibilidad de entablar una correcta relación con todos ellos. El principio de vida y convivencia sobre la base de un correcto nivel de autoestima llega
a definirse de esta manera como un medio de alcanzar la salud personal y la de nuestras sociedades en su conjunto. Sociedades solidamente constituidas por hombres felices unidos por sentimientos equilibrados de amor y aceptación. No es necesario luchar por nada, solamente hay que estirar la mano bondadosa de nuestra voluntad pacifica y amorosa para tomar con mesura lo que nos corresponde, tal como ya lo practicó el hombre de antaño en otras latitudes.
3. Somos seres esencialmente espirituales. Entender la naturaleza de nuestro ser es un requisito fundamental para poder llevar a la práctica los principios de convivencia basados en el amor y hacer de ellos la base de
nuestro comportamiento en relación con nosotros mismos y con nuestro
entorno. Todas las grandes civilizaciones que han poblado la tierra en diferentes épocas han dejado testimonio inequívoco, de sus convicciones gravitantes sobre la naturaleza espiritual del hombre. La muerte solamente concierne al cuerpo, el espíritu prevalece mas allá del término de nuestra vida terrenal.
Bajo esta óptica, es más simple practicar los conceptos de amor como el único vinculo de unión entre los seres humanos, porque es algo que deviene y encaja en forma natural en este marco. Si somos espirituales, deja de tener sentido la acumulación de riqueza material y no cabe que uno acepte tener alguna escasez de algo que necesitamos porque todo es alcanzable para un ser espiritual equilibrado que ejerce su derecho de ser feliz en su vida terrenal ya todo le es alcanzable.
La verdad científicamente demostrable es que nuestra naturaleza humana, determina que todos y cada uno de nosotros tenemos la misma capacidad para labrar nuestra propia historia. Únicamente tenemos que entender que eso se hace hoy día, para que el mañana sea una continuación de un hoy sólido y feliz, tenemos que entender que los hechos pasados ya nos los podemos modificar y por lo tanto deben quedarse en el lugar que le corresponde y no proyectar su sombra en nuestro día de hoy, a no ser que sea una sombra positiva y de amor.