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A través de la historia se fue estableciendo la convicción y la práctica sobre el tratamiento de la enfermedad que hacia que la recuperación de la salud perdida fuera solamente posible por la acción de la experiencia empírica del curandero ó, desde  épocas más modernas,  por la aplicación del conocimiento científico del Médico. Sin embargo dentro de la clásica concepción de sus intervenciones, en ambos casos, tanto el curandero como el médico, inciden mas en el tratamiento casi exclusivo de los síntomas de la enfermedad, los cuales alivian  con menor o mayor éxito y con menor o mayor aparición de los llamados efectos secundarios, es decir, de  otra enfermedad que generalmente es mas o tan grave que aquella cuyos síntomas se trató.

La nueva investigación medica orientada a la búsqueda del tratamiento de la causa de la enfermedad; además del alivio de los síntomas, llega a establecer que la enfermedad se produce por causa de todo un proceso de actos nocivos que se dieron en el tiempo y que constituyen hábitos y costumbres adquiridos por el paciente,  que definen su estilo de vida y que progresivamente lo llevaron a un estado de deterioro que se manifiesta en un cuadro clínico determinado de crisis de salud. De suerte que, la única oportunidad de revertir ese cuadro, se encuentra obviamente, en el cambio de los hábitos y costumbres que causaron la agresión, de modo que la responsabilidad sobre nuestra salud recae sobre cada uno de nosotros mismos, es decir, depende no del Chaman ni del Médico; sino de nosotros mismos, de la voluntad y capacidad de llevar adelante estos cambios.  

 
 

Por consiguiente “la receta” es simple: la recuperación de la salud perdida por causa de la acción de nuestras costumbres que resultaron nocivas, se logrará mediante el cambio de estas costumbres no saludables por otras que si lo sean.

Para lograr este objetivo, no se excluye la intervención ni de los curanderos ni de los médicos
con su sapiencia para tratar los síntomas o efectos de la enfermedad. El control de los síntomas es importante y en algunos casos impostergadle. No se excluye, en el tratamiento de
la enfermedad por consiguiente ni la intervención empírica del chaman ni la ciencia médica clásica. Solamente se les otorga su dimensión correcta, es decir, de auxilio temporal al nivel de los síntomas de la enfermedad tanto y en cuanto ésta sea indispensable durante el proceso de retorno a costumbres sanas de vida y de asesoramiento en esta tarea que resulta ser de muy difícil realización.

 
 

ZIOLANDINA, se sitúa dentro de este espacio de asesoría al paciente para enrumbar sus pasos hacia la recuperación de la salud perdida por causa de hábitos nocivos. Estos hábitos, por cuestión práctica, podríamos clasificarlos en dos grandes grupos:

1.        Hábitos de alimentación.

2.        Hábitos de convivencia.

 
 

HÁBITOS DE ALIMENTACIÓN

 
  Constituyen el primer grupo de costumbres que debemos cambiar, el más inmediato de tratar y explicar; pero no por eso menos complicado. Porque el procedimiento de cambio no consiste en establecer una dieta temporal que actuará como una medicina mientras dure la enfermedad; sino que se trata de crear hábitos permanentes dentro de conceptos saludables que lleven a consumir alimentos que nos solamente sean apetecibles; sino también saludables.  
  Tras de este propósito,  entramos a un mundo de fuertes controversias y complicaciones. El tema es complicado porque detrás de cada producto alimenticio que habitualmente ingerimos están nuestros mas caros gustos adquiridos desde que nos encontrábamos en el vientre de nuestras madres; apoyados posteriormente por la maestría culinaria desarrollada a través de  miles de años de perfeccionamiento y sofisticación. No solo eso,  hay toda una serie de industrias cuyo capital de trabajo es del rango de los miles de millones de dólares cada una, que preparan estos productos que cumplen la premisa de ser sabrosos a costo de todo, incluyendo por su puesto el de nuestra salud. La comida en este camino, se ha convertido en un acto de placer desenfrenado y ciego.

 

El desafío consiste en revertir la influencia y dominio de toda esta organización fuertemente enraizada en la sociedad moderna al servicio de nuestros paladares. Ziolandina, ha acumulado experiencia en la aplicación conceptos muy bien definidos de alimentación sana, para revertir cuadros patológicos. En términos generales podemos decir que el sistema ideal de alimentación debería basarse en el consumo únicamente de productos naturales, es decir, aquellos que la naturaleza nos brinda y que el hombre cultiva dentro del  equilibrio estrictamente respetuoso del ecosistema.


Obviamente nos estamos refiriendo a las frutas y verduras dejando bajo un gran signo de interrogación por la ingesta de carnes y pescado; pero en todo caso el consumo  de estos productos debería ser en su estado mas natural posible y libres de aditivos nocivos utilizados en la crianza de los mismos o por la contaminación de las aguas de donde extraemos los peces.


Y además en cantidades que estén en relación con la necesidad de aporte de proteínas de origen animal, evitando excesos que producen mayor daño que  la falta de estas proteínas que el organismo puede en todo caso reciclar y hasta sintetizar. Dependiendo del estado de la enfermedad, muchas veces un mediano cambio en el sistema de  alimentación es suficiente. Otras veces se requiere mas tiempo y mayores cambios, es decir, más próximos al sistema ideal.

 

Ziolandina ha elaborado procedimientos y recomendaciones básicos, los cuales ampliamos con el tratamiento que se sigue, personalizándolos siempre en cada caso particular.

 
 

ALGUNOS ALCANCES SOBRE INVESTIGACIONES EN EL CAMPO DE LA TROFOTERAPIA
(recuperación de la salud a través de costumbres de  alimentación saludable)

 
   

 Si consumimos alimentos como por ejemplo carnes o productos  procesados, éstos serán digeridos  con un fuerte consumo de energía y en un mayor tiempo (de 3 a 10 horas). El resultado es alarmante: nuestro organismo después de tanto despliegue de energía y tiempo, resulta acumulando sustancias degeneradas en forma de grasa que conllevan gran cantidad de toxinas. A un costo muy alto acumulamos grasa y toxinas.

Sin embargo cuando consumimos productos naturales usamos muy poca energía y la digestión es mas rápida (10-30 minutos), y el resultado de este breve proceso de digestión es
sumamente eficiente: las frutas y verduras frescas proveen a nuestro organismo de nutrientes que necesita para realizar un trabajo correcto en forma rápida y libres de sustancias tóxicas.

2.        Todos los componentes que necesitamos para alimentarnos, se encuentran en las frutas y verduras. Otros productos son complementos culinarios, y su consumo esta fuertemente afianzado en nuestra conciencia, algunos incluso bajo el manto de supuestos valores nutricionales. Otros son simplemente agradables al paladar con una buena publicidad o ambos al mismo tiempo. Por lo común son estos productos los más comercializados.

3.        Los productos alimenticios industriales son dañinos para la salud, todos sin excepción,debido a que fueron creados con el único objetivo de abarcar el mayor mercado posible sin tomar en cuenta absolutamente cualquier previsión para la salud. Se recomienda excluir todos estos productos de nuestra dieta. es una tarea muy difícil y en la mayoría de los casos,  el paciente (y el que aun no lo sea), requerirá de la asistencia de un profesional calificado.

Estamos a sus ordenes.